Sabes lo que pasa mi flor de mangaba (bueno, en el caso de que la mangabeira florezca), se me va confundiendo cada vez más los idiomas. Tu y la media docena de lectores que me visitan ya lo saben. A mí eso me deja de muyperoquemuy mala leche. Es como si estuviera perdiendo una parte de mi cuerpo, de mis conocimientos y de mi verve. No puedo ocultar mi enfado cuando me equivoco o pierdo una palabra ni tampoco dejar de sentirme triste. Es por eso que, a pesar de tener lectores españoles, prefiero escribir en portugués. Es una manera de ayudar a preservar mi amado brasileiro.
Ultimamente he vuelto a leer novelas brasileñas y quiero mantener esta costumbre viva. La semana passada empencé a leer Dom Casmurro. Es la tercera vez que leo esta novela. Creo que es una lectura obligada para cada etapa de la vida. La leí por primera vez cuando era muy joven. El portugués de Machado, la fineza de sus percepciones, la exquisitez de sus frases me inspiran. Iluminan mis ideas. Te dejo algunas e me calo:
Pedia o som das palavras. Era minuciosa e atenta; a narração e o diálogo, tudo parecia remoer consigo. Também se pode dizer que conferia, rotulava e pregava na memória a minha exposição. Esta imagem é porventura melhor que a outra, mas a ótima delas é nenhuma. Capitu era Capitu, isto é, uma criatura muito particular, mais mulher do que eu era homem. Se ainda o não disse, aí fica. Se disse, fica também. Há conceitos que se devem incutir na alma do leitor, à força de repetição.
Machado de Assis, Dom Casmurro (Capítulo XXXI: As Curiosidades de Capitu)













